Mi vida en Xto

Oración del lunes: «El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza»

Ciclo A – Tiempo Ordinario – Semana 17 – Lunes
31 de julio de 2017

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, reconozco tu presencia en mi vida y te pido que me acompañes particularmente en este momento de oración. Ayúdame a elegir la mejor parte y gozar del encuentro y comunión que me regalas. Que esta oración me permita hacer un alto en el camino para escuchar tu palabra y ponerla por obra.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Tú lo sabes todo, Señor, y sabes que muchas veces me alejo de tu Plan de Amor. Sé, sin embargo, que Tú constantemente me invitas a acercarme de nuevo a tu amor, a tu presencia. Ayúdame, Señor mío, a vivir siempre Contigo y a cumplir aquello que me propones para mi felicidad y santidad.

Lectura Bíblica

«El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza» Mt 13,31-35

También les propuso otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas». Después les dijo esta otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa». Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: “Hablaré en parábolas anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo”.

Lectura espiritual breve

Meditemos con estas palabras de San Juan Pablo II

En otra ocasión Jesús compara el reino de Dios (el “reino de los cielos”, según Mateo) con un grano de mostaza, que “es la más pequeña de todas las semillas”, pero que, una vez crecida, se convierte en un árbol tan frondoso que los pájaros pueden anidar en las ramas (cf. Mt 13,31-32). Y compara también el crecimiento del reino de Dios con la “levadura”, que hace fermentar la masa para que se transforme en pan que sirva de alimento a los hombres (Mt 13,33). Sin embargo, Jesús dedica todavía una parábola al problema del crecimiento del reino de Dios en el terreno que es este mundo. Se trata de la parábola del trigo y la cizaña, que el “enemigo” esparce en el campo sembrado de semilla buena (Mt 13,24-30): así, en el campo del mundo, el bien y el mal, simbolizados en el trigo y la cizaña, crecen juntos “hasta la hora de la siega” —es decir, hasta el día del juicio divino—; otra alusión significativa a la perspectiva escatológica de la historia humana. En cualquier caso, Jesús nos hace saber que el crecimiento de la semilla, que es la “Palabra de Dios”, está condicionada por el modo en que es acogida en el campo de los corazones humanos: de esto depende que produzca fruto dando “uno ciento, otro sesenta, otro treinta” (Mt 13,23), según las disposiciones y respuestas de aquellos que la reciben.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el Evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias, Señor por este momento de oración y de encuentro contigo. Ayúdame a vivir permanentemente en tu presencia. Ayúdame a entender que con mi acción te doy gloria, pero que necesito cuidar aquellos espacios privilegiados de encuentro contigo para poder nutrirme y anunciarte verdaderamente. Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

¡Oh Señora mía, oh Madre mía!,
yo me entrego del todo a Ti,
y en prueba de mi filial afecto,
te consagro en este día
mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón,
en una palabra, todo mi ser,
ya que soy todo tuyo,
¡oh Madre de bondad!,
guárdame y protégeme como hijo tuyo. Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Lecturas de la Misa del día