Mi vida en Xto

Oración del jueves: “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!”

Año B – Tiempo Ordinario – Semana 08 – Jueves

12lebbroso

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Oración inicial

Buen Jesús, Tú que no miraste a los hombres según su riqueza o raza, sino que viste lo más profundo de sus corazones, ayúdame a tener esa misma mirada en mi corazón, y que escuchando tu palabra con atención y reverencia, pueda vivir también tu misma caridad en la acción.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Señor, Tú que eres un Dios misericordioso y que conoces mi corazón, perdona mis pecados, faltas y omisiones. Sé que yo no merezco el perdón, pero también sé que tu amor misericordioso es más grande que mis pecados. Ayúdame, Buen Señor, a ser radical en mi lucha contra el mal y el pecado.

Lectura bíblica del Evangelio del día

“¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!” (San Marcos 10,46-52)

Llegaron a Jericó. Al salir Jesús de allí con sus discípulos y con bastante más gente, un ciego que pedía limosna se encontraba a la orilla del camino. Se llamaba Bartimeo (hijo de Timeo).Al enterarse de que era Jesús de Nazaret el que pasaba, empezó a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!»Muchas personas trataban de hacerlo callar. Pero él gritaba con más fuerza: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo.» Llamaron, pues, al ciego diciéndole: «Vamos, levántate, que te está llamando.»Y él, arrojando su manto, se puso en pie de un salto y se acercó a Jesús.Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego respondió: «Maestro, que vea.»Entonces Jesús le dijo: «Puedes irte, tu fe te ha salvado.» Y al instante pudo ver y siguió a Jesús por el camino.

Lectura espiritual breve

Lee estas breves palabras del Papa Francisco que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio.

La fe es un encuentro con Jesús, y nosotros debemos hacer lo mismo que hace Jesús: encontrar a los demás. Vivimos una cultura del desencuentro, una cultura de la fragmentación, una cultura en la que lo que no me sirve lo tiro, la cultura del descarte. Pero sobre este punto os invito a pensar —y es parte de la crisis— en los ancianos, que son la sabiduría de un pueblo, en los niños… ¡la cultura del descarte! Pero nosotros debemos ir al encuentro y debemos crear con nuestra fe una «cultura del encuentro», una cultura de la amistad, una cultura donde hallamos hermanos, donde podemos hablar también con quienes no piensan como nosotros, también con quienes tienen otra fe, que no tienen la misma fe. Todos tienen algo en común con nosotros: son imágenes de Dios, son hijos de Dios. Ir al encuentro con todos, sin negociar nuestra pertenencia. Y otro punto es importante: con los pobres. Si salimos de nosotros mismos, hallamos la pobreza. Hoy —duele el corazón al decirlo—, hoy, hallar a un vagabundo muerto de frío no es noticia. Hoy es noticia, tal vez, un escándalo. Un escándalo: ¡ah! Esto es noticia. Hoy, pensar en que muchos niños no tienen qué comer no es noticia. Esto es grave, ¡esto es grave! No podemos quedarnos tranquilos. En fin… las cosas son así. No podemos volvernos cristianos almidonados, esos cristianos demasiado educados, que hablan de cosas teológicas mientras se toman el té, tranquilos. ¡No! Nosotros debemos ser cristianos valientes e ir a buscar a quienes son precisamente la carne de Cristo, ¡los que son la carne de Cristo!

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?
2.- ¿Cómo ilumina mi vida?
3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Él?
4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones

Gracias Señor por salir a mi encuentro así como saliste al encuentro del ciego Bartimeo. Te pido que me ayudes a vivir la caridad y la compasión con mis hermanos, especialmente con aquellos que están más necesitados de tu amor y comprensión.

Si quieres, puedes hacer pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria...

Consagración a María

Termina esta oración rezándole a Santa María.

Madre del Amor Misericordioso,
bien sabes que tu Hijo,
desde lo alto de la Cruz,
señaló el camino de la piadosa filiación
como aquel que deberíamos recorrer.
Te imploro me obtengas la gracia
de acercarme a tu Inmaculado Corazón,
desde mi propio corazón,
para aprender a amarte
y a honrarte con el amor
que el Señor Jesús te tiene.
Cuida que este hijo tuyo
ingrese así
en el proceso de amorización
y vea algún día cumplida
la gran esperanza
de verse conformado
con el Salvador.

Amén.

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

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