Mi vida en Xto Pascua

Oración del martes: “Yo y el Padre somos uno”

Año C – Pascua – Semana 04 – Domingo
19 de abril de 2016

Trinidad 3

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Aquí estoy, Señor, nuevamente para compartir contigo, para conocerte más y dejarme iluminar por tu Palabra. Te pido que me ayudes a acercarme con humildad, reconociendo mis debilidades, consciente de que no siempre respondo a tu llamada pero con la disposición de cambiar, de crecer y seguir tu voz de ahora en adelante.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Perdón Señor porque frente a tu generoso amor, vuelvo a caer en mis debilidades, pecados y faltas; con sincero arrepentimiento me comprometo a no caer más, a cooperar con la Gracia que bondadosamente me entregas para ser cada día más santo, cada día más fiel a tu amor, te pido que me fortalezcas constantemente para poder mantenerme siempre en tu camino.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“Yo y el Padre somos uno” (Jn 10,22-30)

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:
“¿Hasta cuando nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente.” Jesús les respondió:
“Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.”

Lectura espiritual breve

Lee este texto del Padre Juan José Paniagua que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio.

«¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente». Es el reclamo que la hacen hoy a Jesús, un reclamo que sale del fondo del alma: ¡Ya queremos saberlo, no tardes más! Por siglos han estado esperando al Mesías, era la esperanza que aguardaba Israel. Lo triste era que si bien anhelaban auténticamente la salvación, no estaban dispuestos a acogerla, porque querían un salvador a su manera. Quizá nos podemos ver reflejados en ellos. ¿No es la salvación lo que más anhelamos en la vida? ¿Estar con Dios para siempre no es lo que más queremos? Pero a veces qué tercos, qué poco dóciles somos. Cuánto nos cuesta confiar en nuestro Buen Pastor, ser dóciles y no aferrarnos a nuestra manera de ver las cosas. Hoy el Señor nos anima a no desfallecer. En Dios podemos confiar. Él nos ha hecho una promesa. Cada vez que escuchamos una promesa de Jesús en el Evangelio podemos estar en paz, podemos alegrarnos, porque Dios cumple siempre lo que promete y no nos va a dejar con las manos vacías. En sus promesas está nuestra esperanza. Si oímos su voz y lo seguimos, Él nos dará la vida eterna y nadie nos arrebatará de su mano. El que oye Su voz y lo sigue camina por terreno firme. No nos ha prometido que no vamos a tener problemas, pero sí nos ha dicho que nadie nos arrebatará de Su mano. Podremos atravesar las tormentas junto a Jesús y podemos seguir adelante, con esperanza.

Pidámosle al Señor que nos ayude a ser menos rebeldes, menos tercos, a ser verdaderas ovejas de su rebaño. Que nunca dejemos de oír Su voz.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Oigo la voz de Dios? ¿De qué maneras me acerco a Dios para oír su voz? ¿A través de la oración, meditas las Escrituras con frecuencia?

2.- No basta oír Su voz, también hay que seguirlo. ¿Qué apego tengo en mi vida que no me permite seguir a Jesús con libertad? ¿Qué puedo hacer para seguirlo más de cerca?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias, Señor, porque me iluminas con tu voz, porque marcas los pasos por los que debo caminar para vivir la felicidad y la auténtica libertad, gracias porque nos perdonas y porque nos alientas nuevamente a seguirte, te pido que me ayudes a serte fiel, a abrir mis ojos a tu hermoso amor y responder a él con generosidad.  Amén

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Santa María,
Madre del Señor Jesús y nuestra,
obténnos la presencia vivificante
del Espíritu,
y la gracia de andar siempre
por los caminos de Dios.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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