Mi vida en Xto

Oración del lunes: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!”

Ciclo C – Tiempo Ordinario – Semana 33 – Lunes
14 de noviembre de 2016

ciego-de-jerico

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Buen Jesús, gracias por esta semana que comienza. Te pido que esta oración me ayude a reflexionar sobre la importancia de pedir tu ayuda constantemente. Señor, reconozco que mis fuerzas no bastan.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Perdóname Señor por mis muchos pecados, especialmente por todas las veces en que soy soberbio y autosuficiente. Me acojo a tu amor y misericordia infinita.

Lectura Bíblica: Lc 18,35-43

Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía. Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. El ciego se puso a gritar: –“¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!” Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: –“¡Hijo de David, ten compasión de mí!” Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó: –“¿Qué quieres que haga por ti?” –“Señor, que yo vea otra vez”. Y Jesús le dijo: –“Recupera la vista, tu fe te ha salvado”. En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios.

Lectura espiritual breve

Acojamos esta breve reflexión:

Son muchos los pasajes en los que Jesús cura enfermos. Estas curaciones son signo de cómo Él ha venido a curarnos de una enfermedad más grave: el pecado. Cuando Jesús cura a un paralítico, nos recuerda que el pecado es como una parálisis, que nos impide avanzar, que nos detiene para vivir el amor y nos empequeñece el corazón. Cuando Jesús sana a los leprosos, nos recuerda que el pecado es también como una enfermedad que nos aísla de los demás, nos va deformando y nos hiere en lo más profundo.

Hoy Jesús cura a un ciego. Porque el pecado también es una ceguera. Santo Tomás de Aquino lo explicaba muy bien. Él decía que el pecado tiene 2 efectos devastadores en nosotros: por un lado oscurece nuestra inteligencia y por otro debilita nuestra voluntad. Ya no vemos con claridad, nos confundimos, empezamos a distorsionar la realidad. Y cada vez tenemos menos voluntad, no hacemos el bien que queremos y hacemos el mal que no queremos, nos hacemos esclavos de nuestros pecados.

Pidámosle a Jesús que nos dé la fuerza para no dejarnos vencer. Como este hombre ciego que no se dejaba callar por las voces del mundo. Oraba y suplicaba con fuerza, porque sólo Dios podía salvarlo. Como dice el Papa Francisco, la oración del humilde, es la debilidad de Dios. Dios no se resiste a la súplica del hombre necesitado. Con mucha humildad reconozcamos que estamos muy necesitados, que no podemos solos y que necesitamos que también el Señor venga y nos cure.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Eres consciente de la ceguera que el pecado produce en ti?

2.- ¿Qué puedes hacer hoy para que la luz de Jesús ilumine tu vida y te ayude a ver como Él nos ve?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Buen Señor por este espacio de encuentro contigo. Que lo aprendido al reflexionar en tu palabra me conduzca a buscar construir mi vida en Ti, esforzándome por tener mi corazón abierto a Ti. Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria. 

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

¡Oh Señora mía, oh Madre mía!,
yo me entrego del todo a Ti,
y en prueba de mi filial afecto,
te consagro en este día
mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón,
en una palabra, todo mi ser,
ya que soy todo tuyo,
¡oh Madre de bondad!,
guárdame y protégeme como hijo tuyo. Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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