Mi vida en Xto

Oración del lunes: «El que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió»

Año C – Tiempo Ordinario – Semana 26 – Lunes
26 de septiembre de 2016

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+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Buen Jesús, yo creo que Tú eres el Señor de la vida. Yo creo que Tú has venido a reconciliar todas mis rupturas y que me amas hasta el extremo. Te pido que me ayudes a recorrer el camino de la humildad y así poder asemejarme cada vez más a Ti.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Perdóname Señor por todos los momentos en que me alejo de Ti y cedo a los influjos del mundo. Ayúdame, Señor, a saber acogerme a tu perdón y misericordia. Ayúdame a amarte con todas mis fuerzas y con todo mi corazón.

Lectura Bíblica: Lc 9,46-50

Entonces se les ocurrió preguntarse quién sería el más grande. Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo, les dijo: «El que recibe a este niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ese es el más grande». Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros». Pero Jesús le dijo: «No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes».

Lectura espiritual breve

Meditemos con estas palabras del Padre Sebastián Correa:

“¿Quién es el más grande?” Esta pregunta se presenta en nuestras vidas de distintas formas: ¿Quién es más exitoso? ¿Quién tiene más dinero? ¿Quién es más popular? ¿Quién es más apreciado por lo demás? Podríamos seguir con preguntas similares, pero lo importante es que vayamos a lo esencial de la respuesta del Señor, ya que responderá de algún modo todas aquellas preguntas. La verdadera grandeza según la lógica del Señor está en hacerse pequeño como un niño. Ese es el camino de la humildad y el servicio. La humildad que nos lleva a reconocer lo que realmente somos. Pues somos seres limitados, con virtudes y defectos, con decisiones correctas e incorrectas, con una historia propia y con una certeza que nos hace sumamente especiales: El Señor Jesús nos ama tanto que dio su vida en la Cruz por nosotros.

Y conociendo la verdad de nosotros, viviéndola con humildad, debemos comprender que nuestro prójimo también es alguien por quien Cristo dio su vida en la Cruz, y por lo mismo, ser serviciales con nuestros hermanos jamás será algo que nos humillará sino, por el contrario, es algo que nos hará cada vez más grandes ante los ojos de Dios.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Cómo busco la grandeza?

2.- ¿Vivir el servicio y la humildad está entre mis prioridades diarias?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor por haber venido a la tierra a traernos el don de la reconciliación. Contigo mi vida ha encontrado un sentido verdadero. Ayúdame a tomar conciencia de que el demonio quiere alejarme de Ti, pero contigo puedo caminar con la certeza de que tu gracia y amor vencen el mal que hay en mi corazón. Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

¡Oh Señora mía, oh Madre mía!,
yo me entrego del todo a Ti,
y en prueba de mi filial afecto,
te consagro en este día
mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón,
en una palabra, todo mi ser,
ya que soy todo tuyo,
¡oh Madre de bondad!,
guárdame y protégeme
como hijo tuyo. Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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