Mi vida en Xto

Oración del sábado: «Este es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos»

Año C – Tiempo Ordinario – Semana 17 – Sábado
30 de julio de 2016

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+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, te pido que estés presente en este momento de oración y encuentro contigo a través de tu palabra. Ayúdame a aprender de San Juan Bautista a ser coherente y valiente. Que toda mi vida sea genuina expresión de mi opción por Ti.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Te pido perdón Jesús por todos mis pecados. Sé que muchas veces soy cobarde y prefiero darte la espalda para ganar aplausos en el mundo. Purifica Señor mis intenciones y ayúdame a tener una fe sólida e inquebrantable.

Lectura Bíblica: Mt 14,1-12 

En aquel tiempo, la fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes, y él dijo a sus allegados: «Este es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos». Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla». Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta. El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, la hija de Herodías bailó en público, y le agradó tanto a Herodes que prometió bajo juramento darle lo que pidiera. Instigada por su madre, ella dijo: «Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y esta la presentó a su madre. Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.

Lectura espiritual breve

Nos recuerda el Papa Emérito Benedicto XVI:

De Jerusalén y de todas las partes de Judea la gente acudía para escuchar a Juan Bautista y para hacerse bautizar por él en el río, confesando sus pecados (ver Mc 1,5). La fama del profeta que bautizaba creció hasta el punto de que muchos se preguntaban si él era el Mesías. Pero él —subraya el evangelista— lo negó decididamente: «Yo no soy el Cristo» (Jn 1,20). En cualquier caso, es el primer “testigo” de Jesús, habiendo recibido del cielo la indicación: «Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre Él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo» (Jn 1,33). Esto aconteció precisamente cuando Jesús, después de recibir el bautismo, salió del agua: Juan vio bajar sobre Él al Espíritu como una paloma. Fue entonces cuando “conoció” la plena realidad de Jesús de Nazaret, y comenzó a «manifestarlo a Israel» (Jn 1,31), señalándolo como Hijo de Dios y redentor del hombre: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). Como auténtico profeta, Juan dio testimonio de la verdad sin componendas. Denunció las transgresiones de los mandamientos de Dios, incluso cuando los protagonistas eran los poderosos. Así, cuando acusó de adulterio a Herodes y Herodías, pagó con su vida, coronando con el martirio su servicio a Cristo, que es la verdad en persona.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el Evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Buen Jesús por este momento de encuentro contigo. Gracias por renovar mi amor por Ti y mostrarme ejemplos concretos de personas que no han temido el sacrificio por ser fieles a Ti. Que la vida de San Juan Bautista sea aliciente para vivir con coherencia el llamado que me haces a ser santo. Amén.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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