Mi vida en Xto

Oración del martes: «Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha»

Año C – Tiempo Ordinario – Semana 14 – Martes
5 de julio de 2016

Atardecer en un campo

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, Palabra hecha carne, te pido que me ilumines con tu Santo Espíritu, para que acogiendo lo que me digas a través del Santo Evangelio, pueda convertirme cada vez más a Ti y responder con generosidad a lo que me pides.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Te pido perdón Jesús por todos mis pecados. Sé que no soy digno de tu perdón, pero tu misericordia es más grande que mis pecados. Acoge, Buen Señor, a este humilde siervo tuyo y dame la fuerza para crecer cada día en amor a Ti y a mis hermanos.

Lectura Bíblica: Mt 9,32-38

En cuanto se fueron los ciegos, le presentaron a un mudo que estaba endemoniado. El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada, comentaba: «Jamás se vio nada igual en Israel». Pero los fariseos decían: «El expulsa a los demonios por obra del Príncipe de los demonios». Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha».

Lectura espiritual breve

Lee estas breves palabras del Padre Juan José Paniagua:

Jesús era infatigable en su misión. Recorría aldeas y pueblos, curaba enfermos, hacía milagros. Parecía que las manos no le alcanzaban, por eso al ver a la gente decía: parecen como ovejas sin pastor. Y se compadecía, y al mismo tiempo impulsaba a sus discípulos a que participen de su misión. Pero hoy es interesante escuchar la primera recomendación que les da. No les dice trabajen o vayan y prediquen. Sino les dice “recen”. “Rueguen al Señor de la mies, que envíe más obreros a su mies”. No nos olvidemos de rezar en primer lugar. Si no estamos en contacto con Dios no podemos hacer nada. Nuestras obras están vacías. En primer lugar rezar siempre.

Y en segundo lugar, pedir por las vocaciones. Qué importante era esto para Jesús, Él se lo tomaba muy en serio. ¡También hagámoslo nosotros! Recemos todos los días por las vocaciones, porque Dios sigue llamando. Qué difícil se ha hecho escuchar hoy en día. Muchos dicen que estamos atravesando una crisis de vocaciones. Pero en realidad no es así, porque el que llama es Dios y Él no entra en crisis. Hoy hay crisis de respuestas. Porque muchas veces no escuchamos el llamado de Dios, porque ni siquiera nos hacemos la pregunta: ¿cuál es mi vocación, Señor? ¿Cuál es el Plan de amor que has pensado para mí? Y si llegamos a escuchar, a veces, qué difícil es darle ese sí generoso a Dios. Recemos por las vocaciones, y en primer lugar, recemos por nuestra propia vocación, para que escuchemos el llamado de Dios y le demos una respuesta generosa.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1. ¿Le pido con insistencia y con confianza a Dios por las vocaciones?

2. ¿Me he preguntado en serio por mi propia vocación? ¿Estoy siendo generoso con Dios al responderle?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Buen Jesús por este momento de oración. Te pido que envíes trabajadores a tu cosecha, pues el trabajo es abundante y los trabajadores pocos. Te pido también Señor que me ayudes a comprender qué quieres de mí, y a asumirlo con generosidad y entrega. Gracias Señor. Amén.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita! Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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