Mi vida en Xto

Oración del jueves: “Tus pecados te son perdonados”

Año C – Tiempo Ordinario – Semana 13 – Jueves
30 de junio de 2016

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+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor, Tú eres grande y misericordioso. Tú sales a mi encuentro y pones todo lo necesario para que yo pueda encontrarte. Te pido, Señor, que me ayudes a abrir mi mente y mi corazón en esta oración, para que escuchando tu Palabra, pueda hacerla vida en mí.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Señor, Dios mío, puesto en tu presencia me doy cuenta de que muchas veces construyo mi vida sobre cosas efímeras, que no tienen valor. Te aparto de mis proyectos, de mis ideales, de mis planes, y me dejo llevar por cosas pasajeras y que en última instancia me dejan vacío. Ayúdame a construir una vida de santidad y felicidad a tu lado, siempre en referencia a ti y tu Plan Divino de Amor.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“Tus pecados te son perdonados” (San Mateo 9,1-8)

Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad. Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: “Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados”. Algunos escribas pensaron: “Este hombre blasfema”. Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: “¿Por qué piensan mal? ¿Qué es más fácil decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o ‘Levántate y camina’? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. El se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.

Lectura espiritual breve

Lee este texto del Padre Juan José Paniagua que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio:

Hemos oído este conocido pasaje donde Jesús cura a un paralítico. Pero no solo eso sino que le da mucho más, algo que inicialmente no había pedido pero que sin saberlo era lo que más necesitaba y anhelaba: le perdona los pecados. Jesús lo cura y lo perdona. En el fondo, la parálisis es una clara figura de lo que ocurre en nosotros con el pecado. El pecado produce una especie de parálisis espiritual. El pecado si lo dejamos y va avanzando en nosotros, nos va paralizando y nos dificulta hacer el bien. Podríamos hacer el bien, pero resulta que ya no tenemos fuerzas para hacerlo. Podríamos rezar, pero la voz ya no sale, las ganas han desaparecido. Podríamos compadecernos de los demás, pero el corazón se ha endurecido. Cuando uno se deja esclavizar por el pecado, podría estar de pie, pero está espiritualmente postrado. El corazón se ha paralizado para vivir el amor y el egoísmo es lo que prima. Es la reconciliación con Dios la que nos vuelve a poner de pie. Nos devuelve las facultades para vivir el amor y la misericordia. El contacto con Jesús es lo que saca lo mejor de nosotros mismos.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1. ¿Descubres que tus pecados te frenan para vivir el amor? ¿Cuál crees que es el pecado que más te está dificultando crecer en tu vida cristiana y Dios te pide combatir con más fuerza?

2. ¿Te acercas con confianza al Sacramento de la reconciliación cada vez que lo necesitas? ¿O a veces te alejas, aunque Dios te ofrece siempre su perdón?

Acción de gracias y peticiones personales

Te quiero agradecer, Señor, por este momento de oración, y porque me ayudas a tomar conciencia nuevamente de que solo en Ti encontraré la vida nueva. Tú has venido para reconciliarme y para ayudarme a ser un hombre nuevo. Te pido que me obtengas la gracia de tu Santo Espíritu, para que cooperando con ella, pueda ser un fiel discípulo tuyo.  Amén.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Madre del Amor Misericordioso,
bien sabes que tu Hijo,
desde lo alto de la Cruz,
señaló el camino de la piadosa filiación
como aquel que deberíamos recorrer.
Te imploro me obtengas la gracia
de acercarme a tu Inmaculado Corazón,
desde mi propio corazón,
para aprender a amarte
y a honrarte con el amor
que el Señor Jesús te tiene.
Cuida que este hijo tuyo
ingrese así
en el proceso de amorización
y vea algún día cumplida
la gran esperanza
de verse conformado
con el Salvador.

Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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