Mi vida en Xto

Oración del jueves: “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!”

Año C – Tiempo Ordinario – Semana 08 – Jueves
26 de mayo de 2016

Cristo cura al leproso

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Oración Inicial

Señor Jesús, te agradezco porque me invitas a ser tu amigo, porque sales a mi encuentro en todos los momentos de mi vida y porque solo en tu resurrección encuentro la fuerza para alcanzar la felicidad.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Señor, te pido perdón por haberte dado la espalda, por haberme olvidado de ti y de tus palabras, por todas las veces que callé tu voz y opté por hacer lo que yo quería. Sabes que te quiero y me duele haberte fallado, prometo que si me ayudas no volveré traicionar nuestra amistad. Gracias por tu perdón y por tu inmensa misericordia. No he hecho nada para recibirlos, pero tú me amas de manera incondicional. Gracias Señor por amarme hasta el extremo.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“Dadles de comer ustedes mismos” (San Mateo 14, 13-21)

Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos. Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: “Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos”. Pero Jesús les dijo: “No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos”. Ellos respondieron: “Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados”. “Tráiganmelos aquí”, les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Lectura Espiritual breve

Lee este breve texto del Padre Juan José Paniagua que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio:

Hoy Jesús se encuentra con un ciego que empieza a gritar en medio de la muchedumbre para que Jesús lo cure. Vence la vergüenza, vence el miedo, vence a todo el mundo que lo quería callar. Pero el hombre insiste, grita más fuerte todavía. No deja que las voces del mundo callen su clamor a Dios. ¿Por qué gritó tan fuerte y no dejó de hacerlo? Porque sabía que estaba necesitado. Era pobre y ciego y nadie sobre este mundo podía salvarlo.

El pecado a veces nos esclaviza en nuestra soberbia. A veces nos podemos parecer al hombre que cae en un hoyo profundo y quiere salir de él jalándose los pelos hacia arriba. Pero para salir necesita apoyarse en otro, en algo que no sea él, porque en sí mismo no tiene la capacidad suficiente para salir. Hay que descubrirse necesitado. Y esa es la primera condición para buscar a Jesús. Estar necesitado de Él. ¿Tú estás necesitado de Jesús? Porque si no lo estás mucho, la vergüenza, el cansancio, la comodidad, las voces del mundo, la multitud, te van a callar. Ésa es nuestra condición de cristianos, estar necesitados.

Jesús lo manda llamar y le pregunta: ¿Qué quieres que haga por ti? El ciego pudo haber pedido muchas cosas. Quizá cosas materiales que nunca había poseído. Pero en el fondo este hombre no era tan ciego, porque pudo ver lo que nadie más veía. Pudo ver el poder de Jesús y con sabiduría pudo pedir de verdad lo necesario: “Señor, ¡que vea!”. Si tú estuvieras en su lugar, si tuvieras frente a ti a Jesús y Él te preguntara: ¿qué quieres que haga por ti? ¿Qué le responderías? ¿Qué le pedirías? ¿Qué es lo más importante que hay para ti en esta vida y que necesitas la ayuda de Dios, porque por ti solo no puedes? Podríamos pedirle muchas cosas. ¿Tenemos la capacidad para ver y distinguir qué es lo esencial? Este hombre tuvo la capacidad de discernir lo esencial de las cosas secundarias. ¿Tú distingues con claridad qué es lo más importante en esta vida? ¿Se lo pides a Dios?

 Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1. ¿A veces el miedo, el qué dirán, las voces del mundo hacen que no busques a Dios con todas tus fuerzas? 

2. ¿Entre todas las cosas que le pides a Dios, qué le quieres pedir hoy? ¿Cuál es realmente la más importante o la que más necesitas?

Acción de gracias y peticiones personales

Señor Jesús, te agradezco porque tus palabras iluminan mi vida con la Verdad. Te agradezco también por tu infinita generosidad y solidaridad con nosotros al darte diariamente en el Pan de la Eucaristía. Te pido Señor que me ayudes a ser yo también solidario con mis hermanos, saliendo generosamente a su encuentro y viviendo el servicio y la entrega generosa así como Tú la vives con nosotros.  Amén

Si quieres, puedes hacer pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Termina esta oración rezándole a María.

Hay tanto que hacer
y cada quien
tiene su propia tarea
en la gesta
de nuestro tiempo.
Madre Santísima,
intercede para que
yo reciba la fuerza
y el aliciente
para cooperar
con la gran tarea
de cambiar este mundo nuestro
poniendo mi grano de arena,
que bien podría
hacer la diferencia.
Amén.

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

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