Mi vida en Xto

Oración del viernes: «Señor, si quieres, puedes purificarme»

Año C – Tiempo de Navidad – Semana 02 – Viernes

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+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Gracias, Señor, por darme la oportunidad de tener este momento de oración. Te pido que me ayudes a ser reverente ante tu Palabra, y a que escuchándola con atención, la haga vida en mí.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Te pido perdón, Señor, porque sé que Tú me has amado hasta el extremo, pero aún así muchas veces desconfío de Ti. Descubro que mi fe es débil y por eso me desvío del camino. Pero tengo la certeza de que siempre me perdonas, porque tu misericordia es infinita. Ayúdame a ponerme de pie cada vez que tropiece.

Lectura Bíblica: Lc 5,12-16

Mientras Jesús estaba en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, se postró ante él y le rogó: «Señor, si quieres, puedes purificarme». Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado». Y al instante la lepra desapareció. El le ordenó que no se lo dijera a nadie, pero añadió: «Ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio». Su fama se extendía cada vez más y acudían grandes multitudes para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Pero él se retiraba a lugares desiertos para orar.

Lectura espiritual breve

El P. Alberto Hadad nos comparte la siguiente reflexión:

El Evangelio de hoy nos presenta dos modelos de oración que nos pueden servir mucho para nuestra propia vida: uno es el leproso que se acerca para ser curado y el otro es Jesús mismo.

El leproso se acerca a Jesús con una necesidad muy grande: seguramente lleva un tiempo considerable apartado de la sociedad dada su condición física. Y a pesar de esa condición que podría generar mucha amargura y la idea de tener derecho a ser curado se presenta ante Jesús y se echa rostro en tierra. Su actitud es de total confianza en la misericordia de Dios. Él no exige ser curado sino que con mucha humildad le suplica al Maestro: “si quieres puedes curarme”. Al ver esta actitud del hombre enfermo puedo preguntarme en este momento: ¿Soy de los que le exige al Señor por medio de la oración lo que considero que debo recibir? ¿O tengo una actitud similar a la del leproso?

El segundo modelo de oración es el Señor Jesús. Llama profundamente la atención el cuidado con el que Evangelista Lucas describe la actitud constante de Jesús quien se retiraba a lugares solitarios donde oraba. Esta afirmación lleva a pensar que la oración era una constante en la vida de Jesús. Su relación con el Padre se daba en el silencio que se esforzaba por encontrar en medio de la acción cotidiana. Viendo este segundo modelo de oración me puedo preguntar: ¿Soy como Jesús? ¿encuentro espacios de silencio para comunicarme con Dios en medio de mi jornada cotidiana?

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Soy humilde en mi forma de orar? ¿Le exijo a Dios o me acerco con la actitud del leproso?
2.- ¿Soy constante en mi oración?
3.- ¿Qué puedo hacer para ser más constante en mi oración personal?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Jesús por hacerte hombre para traerme la salvación. Gracias Señor por cada una de las cosas que haces por mí. Te pido que me ayudes, colaborando con tu gracia, a responder a tu infinito amor redentor.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Encomendémonos a nuestra Madre rezando:

Santa María,
Madre de la Esperanza,
junto a tu dulce Corazón
aprendo a esperar confiado.

Intercede
para que,
siguiendo tu ejemplo,
mi vida siempre
se encuentre afirmada
en la esperanza.
Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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