Mi vida en Xto

Oración del lunes: «El que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió»

Año B – Tiempo Ordinario – Semana 26 – Lunes

Lars_Justinen-The_Parable

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Buen Jesús, yo creo que Tú eres el Señor de la vida. Yo creo que Tú has venido a reconciliar todas mis rupturas y que me amas hasta el extremo. Te pido que me ayudes a recorrer el camino de la humildad y así poder asemejarme cada vez más a Ti.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Perdóname Señor por todos los momentos en que me alejo de Ti y cedo a los influjos del mundo. Ayúdame, Señor, a saber acogerme a tu perdón y misericordia. Ayúdame a amarte con todas mis fuerzas y con todo mi corazón.

Lectura Bíblica: Lc 9,46-50

Entonces se les ocurrió preguntarse quién sería el más grande. Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo, les dijo: «El que recibe a este niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ese es el más grande». Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros». Pero Jesús le dijo: «No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes».

Lectura espiritual breve

Meditemos con estas palabras del Papa San Juan Pablo II:

La paz es don de Dios; pero depende de los hombres acogerlo para construir un mundo de paz. Ellos podrán hacerlo sólo si tienen la sencillez de corazón de los niños. Éste es uno de los aspectos más profundos y paradójicos del anuncio cristiano: hacerse pequeño, antes que ser una exigencia moral, es una dimensión del misterio de la Encarnación. En efecto, el Hijo de Dios no vino en potencia y gloria, como sucederá al final de los tiempos, sino como niño necesitado y de condición pobre. Compartiendo enteramente nuestra condición humana, excepto en el pecado (cf. Hb 4,15), asumió también la fragilidad y las expectativas de futuro propias de la infancia. Desde aquel momento decisivo para la historia de la humanidad, despreciar la infancia es al mismo tiempo despreciar a Aquel que ha querido manifestar la grandeza de un amor dispuesto a rebajarse y a renunciar a toda gloria para salvar al hombre. Jesús se identificó con los pequeños, y cuando los Apóstoles discutían sobre quién era el más grande, «tomó a un niño, lo puso a su lado, y les dijo: “El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado”» (Lc 9,47-48). El Señor nos puso muy en guardia contra el riesgo de escandalizar a los niños: «Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar» (Mt 18,6). Pidió a los discípulos que volvieran a ser «niños» y, cuando ellos intentaron alejar a los pequeños que le rodeaban, se enfadó: «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él» (Mc 10,14-15). De este modo, Jesús invertía el modo común de pensar. Los adultos deben aprender de los niños los caminos de Dios: de su capacidad de confianza y de abandono pueden aprender a invocar con justa familiaridad «Abbá, Padre».

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el Evangelio que he leído?
2.- ¿Cómo ilumina mi vida?
3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?
4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor por haber venido a la tierra a traernos el don de la reconciliación. Contigo mi vida ha encontrado un sentido verdadero. Ayúdame a tomar conciencia de que el demonio quiere alejarme de Ti, pero contigo puedo caminar con la certeza de que tu gracia y amor vencen el mal que hay en mi corazón. Amén.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Santa María, Madre del Señor Jesús y nuestra, obtennos la presencia vivificante del Espíritu, y la gracia de andar siempre por los caminos de Dios.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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