Mi vida en Xto

Oración del jueves: “Si quieres, puedes purificarme”

Ciclo B – Tiempo Ordinario – Semana 01 – Jueves
11 de enero de 2018

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, reconozco tu presencia en mi vida y te pido que me acompañes en este momento de oración. Envía al Espíritu Santo para que me ilumine y pueda aprender a discernir tu Plan de amor, y para que me dé la fortaleza que me permita seguirlo día a día.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Soy conciente, Señor, de cuánto necesito que Tú me purifiques. Vuelvo a Ti con humildad y confianza en tu perdón y en tu amor. Ayúdame, Señor mío, a vivir siempre contigo y a responderte con generosidad.

Lectura bíblica según el Evangelio del día

“Si quieres, puedes purificarme” (Mc 1,40-45).

Entonces se le acercó un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: “Si quieres, puedes purificarme”. Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado”. En seguida la lepra desapareció y quedó purificado. Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: “No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio”. Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes.

Lectura espiritual breve

El Papa Emérito Benedicto XVI te ayuda a meditar en el texto evangélico:

«El evangelio nos muestra a Jesús en contacto con la forma de enfermedad considerada en aquel tiempo como la más grave, tanto que volvía a la persona “impura” y la excluía de las relaciones sociales: hablamos de la lepra (…) Mientras Jesús estaba predicando por las aldeas de Galilea, un leproso se le acercó y le dijo: “Si quieres, puedes limpiarme”. Jesús no evita el contacto con este hombre; más aún, impulsado por una íntima participación en su condición, extiende su mano y lo toca —superando la prohibición legal—, y le dice: “Quiero, queda limpio”. En ese gesto y en esas palabras de Cristo está toda la historia de la salvación, está encarnada la voluntad de Dios de curarnos, de purificarnos del mal que nos desfigura y arruina nuestras relaciones. En aquel contacto entre la mano de Jesús y el leproso queda derribada toda barrera entre Dios y la impureza humana, entre lo sagrado y su opuesto, no para negar el mal y su fuerza negativa, sino para demostrar que el amor de Dios es más fuerte que cualquier mal, incluso más que el más contagioso y horrible. Jesús tomó sobre sí nuestras enfermedades, se convirtió en “leproso” para que nosotros fuéramos purificados».

 Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Al constatar el amor inmenso que tienes por cada uno de nosotros, Señor, ¡cómo no experimentar gratitud y maravilla! Como al leproso, Tú me has sanado de todas mis heridas; Tú eres la fuente de mi salvación y reconciliación. Te pido la fe y la fortaleza para permanecer contigo y el ardor para ir a proclamar a todo el mundo que eres el único Salvador.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pide la intercesión de María rezando esta oración:

Madre del Redentor, Virgen fecunda
puerta del Cielo
siempre abierta,
estrella del mar
ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración
de cielo y tierra,
engendraste a tu Santo Creador,
y permanecés siempre Virgen,
recibe el saludo del ángel Gabriel
y ten piedad de nosotros pecadores.

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Lecturas de la Misa del día