Mi vida en Xto

Oración del viernes: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por Mí»

Ciclo A – Pascua – Semana 04 –  Viernes
12 de mayo de 2017

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Jesús, Tú me conoces y Tú sabes lo que hay en mi corazón. Te pido que me ayudes a ser tierra fértil ante tu palabra, para que escuchándola y dejando que me interpele, pueda hacerla vida en mí.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor, tengo hambre de Ti, pero a veces cedo ante las ofertas del mundo, de mi hombre viejo, del Maligno, que, en vez de satisfacerme, me dejan vacío. Te pido perdón con corazón sincero. Nútreme con el alimento de tu Cuerpo y fortaléceme en mi combate, que por mis propias fuerzas no puedo alcanzarte.

Lectura Bíblica

«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por Mí» (Jn 14,1-6)

«No se turben; crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. De no ser así, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar. Y después de ir y prepararles un lugar, volveré para tomarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Para ir a donde yo voy, ustedes ya conocen el camino». Entonces Tomás le dijo: «Señor, nosotros no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?» Jesús contestó: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí».

Lectura espiritual breve

Meditemos el comentario de San Juan Pablo II:

Sí, Jesús es —para nosotros— un camino que conduce hacia el Padre, el único camino. El que quiera lograr la salvación, deberá tomar ese camino. Vosotros, jóvenes, a menudo os encontráis en una encrucijada, sin saber cuál es el camino que debéis elegir, ni adónde ir; son muchos los caminos errados, como también las propuestas fáciles y las ambigüedades. No olvidéis, en esos momentos, que Cristo —con su Evangelio, su ejemplo y sus mandamientos— es siempre y sólo el camino más seguro que desemboca en una felicidad plena y duradera… Cada uno de vosotros desea ardientemente vivir su propia vida en toda plenitud. Vivís animados por grandes esperanzas y muy buenos proyectos para el futuro. No olvidéis, sin embargo, que la verdadera plenitud de la vida se encuentra sólo en Cristo, muerto y resucitado por nosotros. Solamente Cristo puede llenar, hasta el fondo, el espacio del corazón humano. Sólo Él da el valor y la alegría de vivir, y esto a pesar de los límites u obstáculos externos. Sí, descubrir a Cristo es la aventura más bella de toda nuestra vida. Pero no es suficiente descubrirlo una sola vez. Cada vez que se descubre, se recibe un llamamiento a buscarle más aún, y a conocerle mejor a través de la oración, la participación en los sacramentos, la meditación de su palabra, la catequesis y la escucha de las enseñanzas de la Iglesia. Esta es nuestra tarea más importante, como lo comprendió tan bien San Pablo cuando escribió: «Para mí la vida es Cristo» (Flp 1,21).

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias, Señor por salir a mi encuentro. Gracias por ser el Camino que me lleva al encuentro del Padre, gracias por ser la Verdad que me revela el misterio del hombre y del mundo, gracias por ser la auténtica Vida que le da sentido a mi existencia. Te pido que me ayudes a seguirte con alegría y fervor anunciándole a los demás que sólo Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida. Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.

Dios te salve.

A Tí clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Tí suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.

Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Lecturas de la Misa del día