Mi vida en Xto

Oración del sábado: “No se puede servir a Dios y al Dinero”

Ciclo A – Tiempo Ordinario – Semana 31 – Sábado
11 de noviembre de 2017

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Buen Jesús, Tú me conoces y sabes que quiero ser un discípulo tuyo. Ayúdame a ser reverente con tu palabra, para que escuchándola con la mente y el corazón, pueda hacer que ella se vuelva acción en mi vida.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor Misericordioso, Te pido perdón por mis bajezas y pecados. Yo sé que a veces no sólo opto por hacer algo contrario a tu Plan de Amor, sino que muchas veces también omito hacer las cosas que descubro que tu me pides. Te pido que me des fortaleza para no dejarme llevar por las tentaciones y opte siempre pos seguir tu Plan para mí.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“No se puede servir a Dios y al Dinero” (Lc 16,9-15).

Pero yo les digo: Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho. Si ustedes no son fieles en el uso del dinero injusto, ¿quién les confiará el verdadero bien? Y si no son fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes? Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero”. Los fariseos, que eran amigos del dinero, escuchaban todo esto y se burlaban de Jesús. El les dijo: “Ustedes aparentan rectitud ante los hombres, pero Dios conoce sus corazones. Porque lo que es estimable a los ojos de los hombres, resulta despreciable para Dios.

Lectura espiritual breve

Meditemos en los que dice San Clemente de Alejandría:

“El que dé a beber a uno de mis discípulos, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, no perderá su recompensa ” (Mt 10,42)… Este es el salario que no perderá ni un solo día su valor: “Haced amigos con dinero injusto, a fin de que en el último día, os reciban en las moradas eternas”.

Las riquezas de las que disponemos no deben servir sólo para nosotros; con bienes injustos podemos hacer una obra justa y saludable, y aliviar a uno de los que el Padre ha destinado a sus moradas eternas… Qué admirable es, esta palabra del apóstol Pablo: ” Dios ama al que da con alegría ” (2Co 9,7), el que da limosna de buena gana, siembra sin contar con una cosecha tan abundante, y comparte sin murmurar, vacilar o retener… Y todavía es más grande, esta palabra que el Señor dice en otro lugar: ” A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames ” (Lc 6,30)…

Reflexiona entonces sobre la magnífica recompensa prometida a tu generosidad: las moradas eternas. ¡Qué buen negocio! ¡Qué extraordinario suceso! Compramos la inmortalidad con dinero; ¡cambiamos los bienes caducos de este mundo por una morada eterna en los cielos! Por tanto, vosotros los ricos, que tenéis sabiduría, aplicaos en este negocio… ¿Por qué os dejáis fascinar por diamantes y esmeraldas, por casas que el fuego devora, que el tiempo derrumba, que un terremoto derriba? Aspirad sólo a vivir en los cielos y a reinar con Dios. Un hombre, un pobre, os dará este reino… Por otra parte, el Señor no dijo: ” dad, sed generosos, socorred a vuestros hermanos “, sino ” Haced amigos”. La amistad no nace de una sola vez, sino de una larga familiaridad. Ni la fe, ni la caridad, ni la paciencia son obra de un día: ” pero el que persevere hasta el fin se salvará” (Mt 10,22).

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Jesús por esta oración. Gracias por mostrarme cuán importante es tener siempre puesta la mirada en lo alto, contemplando la vida eterna a la que me has invitado a vivir. Ayúdame a que todos mis actos tengan ese peso de eternidad, para que algún día, pueda yo gozar de tu presencia para toda la eternidad.  Amén

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Salve, Reina de los Cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, Virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

D: Que con el auxilio de tan dulce intercesora,

T: seamos siempre fieles en el terreno caminar. Amén

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Lecturas de la Misa del día