Mi vida en Xto

Oración del sábado: «Dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir»

Ciclo A – Tiempo Ordinario – Semana 09 – Sábado
10 de junio de 2017

+ En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Oración Inicial

Señor Jesús, puesto ante tu presencia te pido me ilumines para profundizar en tu Palabra. De modo especial te pido me ayudes a siempre andar en verdad y vivir la humildad, dando en todo momento lo mejor de mí.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Ante Ti, Señor, que todo lo sabes, reconozco profundamente que muchas veces me alejo de Ti. Cuántas veces, Señor, doy solo de lo que me sobra, o me quedo en lo exterior. Pero conoces mi corazón, y sabes que quiero ser cada vez más como Tú. Ayúdame a acercarme cada vez más a Ti y seguirte con fidelidad.

Lectura Bíblica

«Dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir» (Mc 12, 38-44)

Y él les enseñaba: “Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad”. Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre. Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: “Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir”.

Lectura Espiritual breve

Lee este breve texto del Papa Emérito Benedicto XVI:

Al respecto es significativo el episodio evangélico de la viuda que, en su miseria, echa en el tesoro del templo «todo lo que tenía para vivir» (Mc 12,44). Su pequeña e insignificante moneda se convierte en un símbolo elocuente: esta viuda no da a Dios lo que le sobra, no da lo que posee, sino lo que es: toda su persona.

Este episodio conmovedor se encuentra dentro de la descripción de los días que precedente inmediatamente a la pasión y muerte de Jesús, el cual, como señala San Pablo, se hizo pobre a fin de enriquecernos con su pobreza (cf. 2Cor 8,9); se ha entregado a sí mismo por nosotros… Siguiendo sus enseñanzas podemos aprender a hacer de nuestra vida un don total; imitándolo estaremos dispuestos a dar, no tanto algo de lo que poseemos, sino a darnos a nosotros mismos.

¿Acaso no se resume todo el Evangelio en el único mandamiento de la caridad? Por tanto, la práctica cuaresmal de la limosna se convierte en un medio para profundizar nuestra vocación cristiana. El cristiano, cuando gratuitamente se ofrece a sí mismo, da testimonio de que no es la riqueza material la que dicta las leyes de la existencia, sino el amor. Por tanto, lo que da valor a la limosna es el amor, que inspira formas distintas de don, según las posibilidades y las condiciones de cada uno.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.-¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor porque me permites renovarme siempre en mi deseo de ser cada vez más santo. Ayúdame a seguir el ejemplo de la viuda pobre y dar, no de lo que me sobra, sino lo mejor de mí. Tú sabes que muchas veces soy débil, pero sé que con el auxilio de tu gracia puedo avanzar hacia una vivencia cada vez más profunda del amor y la donación, siguiendo tu ejemplo y el de Santa María, nuestra madre. Amén

(Si quieres, puedes hacer pedirle al Señor por tus intenciones.)

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Termina esta oración rezándole a María:

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las oraciones
que te dirigimos
en nuestras necesidades,
antes bien
líbranos de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita!
Amén.

+ En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Lecturas de la Misa del día