Mi vida en Xto

Oración del sábado: “Tomó los siete panes, dio gracias, los partió y los fue entregando”

Ciclo A – Tiempo Ordinario – Semana 05 – Sábado
11 de febrero de 2017

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Jesús, en Ti confío. Me pongo en tus manos en este momento de oración. Enséñame, Señor, a creer en Ti en todo momento. Hasta en la duda y en las tribulaciones: creer en Ti. Y enséñame, Señor, a saber colaborar en tu misión de dar el alimento verdadero a todos los hombres y mujeres.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

“Creo, Señor, pero acrecienta mi fe”. Reconozco mi fragilidad y te pido que me ayudes a confiar más en Ti y a saber alimentarme de tu Palabra. No quiero, Señor, contentarme con sucedáneos. Quiero que me des el único alimento realmente capaz de saciar mi hambre de Dios.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

«Tomó los siete panes, dio gracias, los partió y los fue entregando» (San Marcos 8,1-10)

En esos días, volvió a reunirse una gran multitud, y como no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. Si los mando en ayunas a sus casas, van a desfallecer en el camino, y algunos han venido de lejos”. Los discípulos le preguntaron: “¿Cómo se podría conseguir pan en este lugar desierto para darles de comer?”. El les dijo: “¿Cuántos panes tienen ustedes?”. Ellos respondieron: “Siete”. Entonces él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo, después tomó los siete panes, dio gracias, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. Ellos los repartieron entre la multitud. Tenían, además, unos cuantos pescados pequeños, y después de pronunciar la bendición sobre ellos, mandó que también los repartieran. Comieron hasta saciarse y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado. Eran unas cuatro mil personas. Luego Jesús los despidió. En seguida subió a la barca con sus discípulos y fue a la región de Dalmanuta.

Lectura espiritual breve 

Meditemos el comentario de San Juan Crisóstomo: 

“¿Quién proclamará las proezas del Señor, quién cantará sus alabanzas?” (Sal 106,2) ¿Qué pastor ha alimentado jamás a su rebaño con su propio cuerpo? A menudo, las madres confían a sus hijos a una nodriza. Pero Jesucristo no puede aceptar esto para sus ovejas. Él mismo nos alimenta con su propia sangre y así nos convierte en un solo cuerpo con Él.    Considerad, hermanos míos, que Cristo nació de nuestra sustancia humana. Pero, me diréis ¿qué importa? Esto no tiene que ver con todos los hombres. ¡Perdón, hermano! Es para todos una gran ventaja. El hecho que haya venido y haya tomado la condición humana concierne a toda la humanidad. Y si ha venido por todos, también ha venido por cada uno en particular. Talvez me diréis: -¿Porqué, entonces, no todos los hombres han recibido el fruto que les debía llegar con esta venida?- ¡No acuséis a Jesús que ha escogido este medio para la salvación de todos! El fallo está en los que rechazan este beneficio. Porque en la Eucaristía, Jesús se une a cada uno de sus fieles, los hace renacer, los alimenta de sí mismo, no los abandona a otro y así los convence una vez más de que realmente tomó nuestra carne.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias, Señor, porque me amas que te has entregado por mí y te das en alimento en la Eucaristía. Tengo fe en Ti, sé que eres mi Buen Pastor. Ayúdame cada día ser un mejor cristiano.  Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Salve, Reina de los Cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, Virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

D: Que con el auxilio de tan dulce intercesora,

T: seamos siempre fieles en el terreno caminar. Amén

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Lecturas de la Misa del día