Mi vida en Xto

Oración del lunes: “Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo”

Ciclo A – Tiempo Ordinario – Semana 04 – Lunes
30 de enero de 2019

Endemoniado

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Buen Jesús, en este día quiero ponerme en tus manos, quiero pedir tu presencia en mi vida, porque sé que el mundo me ofrece muchas cosas, pero sólo tú me das la vida auténtica que busco. Que esta oración me ayude a quererte cada vez más, para que nada me aparte de Ti.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Pero también Señor, sé que no siempre soy coherente. Sé que muchas veces me dejo vencer por las astucias del Maligno, que prefiero ceder a sus engaños en vez de seguirte a Ti, que eres todo amor. Te pido perdón por mis olvidos y dejadeces, por mis faltas de amor y caridad. Confío en tu perdón infinito que siempre me da otra oportunidad para ponerme de pie y seguir adelante.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo” (San Marcos 5,1-20)

Llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu impuro. El habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo. Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras. Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él, gritando con fuerza: “¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!”. Porque Jesús le había dicho: “¡Sal de este hombre, espíritu impuro!”. Después le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?”. El respondió: “Mi nombre es Legión, porque somos muchos”. Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región. Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña. Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: “Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos”.

El se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara -unos dos mil animales- se precipitó al mar y se ahogó. Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido.

Cuando llegaron adonde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor. Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos. Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio.

En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él. Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: “Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti”. El hombre se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos quedaban admirados.

Lectura espiritual breve

Te compartimos esta reflexión del Padre Sebastián Correa E.:

Es común que creamos que el mal no existe propiamente como tal. Al revisar las Escrituras no solamente constatamos lo contrario sino que vemos que hay “alguien malvado” que busca nuestra ruina como fue el caso del pobre hombre endemoniado. Pero junto a ello, vemos que el Señor es capaz de vencer al malvado, y también es capaz de curar hasta al hombre que parecía más perdido.  Esto debe ayudarnos a comprender que muchas veces nosotros somos víctimas de las seducciones del Tentador, y vivimos el pecado en nuestros propios actos y corazón. Pero la fuerza que tiene Jesucristo puede curarlo todo, incluso mis pecados más oscuros y terribles. Por ello es preciso mantener la esperanza puesta en el Señor, en el poder de su gracia y en la infinita bondad de su misericordia.

Breve meditación personal

(Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Creo que hay pecados en mí que nadie puede perdonar?

2.- ¿Dejo entrar a Cristo en mi corazón para que sane mis heridas y pecados?

3.- ¿Me dejo ayudar por otros para que pueda acercarme más a Jesús?

4.- ¿Qué puedo cambiar para que la Misericordia de Dios se haga más presente en mí?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Jesús por tu amor tan grande, porque has venido a salvarme, porque me señalas el camino de la vida constantemente y te ofreces para sostenerme en este peregrinar. Ayúdame a cumplir con generosidad mis compromisos, para que así toda mi vida sea una manifestación de mi amor hacia Ti.

Amén

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

¡Oh Señora mía, oh Madre mía!,
yo me entrego del todo a Ti,
y en prueba de mi filial afecto,
te consagro en este día
mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón,
en una palabra, todo mi ser,
ya que soy todo tuyo,
¡oh Madre de bondad!,
guárdame y protégemecomo hijo tuyo. Amén.

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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