Mi vida en Xto

Oración del sábado: “¿Por qué tienen miedo?”

Ciclo A – Tiempo Ordinario – Semana 03 – Sábado
28 de enero de 2017

Tempestad calmada 2

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Jesús, en Ti confío. Me pongo en tus manos en este momento de oración. Quiero dejarme forjar al calor de tu Sagrado Corazón. Enséñame, Señor, a creer en Ti en todo momento. Hasta en la duda y en las tribulaciones: creer en Ti. Y enséñame, Señor, a anunciarte sin miedo como tu Madre, María, con el corazón ardiente de amor a Ti.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor, mírame. Soy frágil. Quiero de verdad seguirte, pero mi fe no es suficientemente firme… y dudo. Porque he llegado a dudar de tu infinita misericordia y amor, concédeme, Buen Jesús, creer. Con corazón sincero, te digo: “Creo, Señor, pero acrecienta mi fe”.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

«¿Por qué tienen miedo?» (San Marcos 4,35-41)

Al atardecer de ese mismo día, les dijo: “Crucemos a la otra orilla”.
Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya.
Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua.
Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal.
Lo despertaron y le dijeron: “¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?”. Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: “¡Silencio! ¡Cállate!”. El viento se aplacó y sobrevino una gran calma.
Después les dijo: “¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?”.
Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: “¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?”.

Lectura espiritual breve 

Meditemos el comentario del Papa Emérito Benedicto XVI:

«¡Queridos jóvenes, no tengáis miedo de afrontar estos desafíos! No perdáis nunca la esperanza. Tened valor, también en las dificultades, permaneciendo firmes en la fe. Estad seguros de que, en toda circunstancia, sois amados y custodiados por el amor de Dios, que es nuestra fuerza. Por esto es importante que el encuentro con Él, sobre todo en la oración personal y comunitaria, sea constante, fiel, precisamente como el camino de vuestro amor: amar a Dios y sentir que Él me ama. ¡Nada nos puede separar del amor de Dios! Estad seguros, además, de que también la Iglesia está cerca de vosotros, os apoya, no deja de miraros con gran confianza. Ella sabe que tenéis sed de valores, los verdaderos, sobre los que vale la pena construir vuestra casa. El valor de la fe, de la persona, de la familia, de las relaciones humanas, de la justicia. No os desaniméis ante las carencias que parecen apagar la alegría en la mesa de la vida» (Benedicto XVI).

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias, Señor, porque no permites que nada me separe de tu amor. Porque me amas, tengo fe en Ti y nada temo. Tú eres mi Buen Pastor: en Ti confío. No permitas que me aparte de Ti. Ayúdame cada día ser un mejor cristiano.  Amén

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Salve, Reina de los Cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, Virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

D: Que con el auxilio de tan dulce intercesora,

T: seamos siempre fieles en el terreno caminar. Amén

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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