Mi vida en Xto

Oración del lunes: “¡A vino nuevo, odres nuevos!”

Ciclo A – Tiempo Ordinario – Semana 02 – Lunes
16 de enero de 2017

The Pharisees Question Jesus (Les pharisiens questionnent Jésus)-001

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, Tú te has hecho hombre para salvarnos. Ayúdame a disponerme interiormente para escuchar tu Palabra y hacerla vida en mí.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor, reconozco con dolor de corazón que he faltado contra Ti. Yo sé que Tú me amas y quieres lo mejor para mí, pero a pesar de ello, muchas veces vivo como si no lo supiese. Te pido que me veas con misericordia, y me des la coherencia para no faltar más contra Ti.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo” San Marcos 2,18-22.

Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?”. Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo. Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!”. De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.

Lectura espiritual breve

Esta meditación del Padre Sebastián Correa te ayudará a interiorizar el Evangelio:

La Iglesia es un lugar de alegría y júbilo por la presencia de Cristo que luego de haber dado su vida por nosotros ha resucitado. Ciertamente esta actitud fundamental del cristiano —la alegría— no se contrapone a las exigencias de responder por nuestra propia conversión. Los discípulos de Juan y de los fariseos no contaban con la presencia del Salvador. Nosotros como cristianos sí. Es por ello que nuestro peregrinar se da en medio de alegrías y dolores, de sufrimientos por los propios pecados y la consolación por sabernos hijos de un Padre misericordioso.

La presencia de Cristo en medio de nosotros debe llevarnos a levantar la cabeza y vivir acordes a nuestra dignidad de hijos en el Hijo. Si nuestras debilidades y fragilidades aparecen en el camino, no debemos perder la esperanza y la alegría, pues sabemos que si nos dejamos reconciliar con Dios, Él podrá transformar nuestro propio corazón y hacerlo cada vez más semejante al suyo.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Vivo mi vida cristiana con alegría, o con “cara de vinagre”, como dice el Papa Francisco?

2.- ¿Confío en que la fuerza de Dios puede transformar mi existencia?

3.- ¿Qué puedo hacer para ser un odre nuevo y así recibir el vino nuevo?

Acción de gracias y peticiones personales

Buen Señor, Tú que te hiciste cercano a nosotros y nos trajiste la salvación. Te pido Señor que me ayudes a preparar mi interior para ser ese odre nuevo, donde habitarás Tú, el auténtico Vino Nuevo. Ayúdame a ser coherente con tus enseñanzas, viviendo con autenticidad el mandamiento nuevo del amor, no como un cumplimiento superficial y externo, sino amando al prójimo con todo lo que soy.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

¡Oh Señora mía, oh Madre mía!,
yo me entrego del todo a Ti,
y en prueba de mi filial afecto,
te consagro en este día
mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón,
en una palabra, todo mi ser,
ya que soy todo tuyo,
¡oh Madre de bondad!,
guárdame y protégeme como hijo tuyo. Amén.

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
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