Mi vida en Xto

Oración del lunes – San Lorenzo, diácono y mártir: «El que quiera servirme, será honrado por mi Padre»

Año B – Tiempo Ordinario – Semana 19 – Lunes

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+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Jesús, te agradezco por este momento de oración. Tú sales siempre a mi encuentro y buscas acercarme a tu corazón. Ayúdame a ser un siervo dócil a tu palabra, para que, escuchando tu voz, pueda seguirla con radicalidad y alegría.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Padre Bueno, te pido perdón por mis pecados. Me acojo a tu perdón y a tu misericordia infinita, confiando en que no te quedas en las apariencias sino que miras realmente lo más hondo de mi corazón.

Lectura Bíblica: Jn 12,24-26

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna. El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.

Lectura espiritual breve

Reflexionemos con estas palabras de San Juan Pablo II

Verdaderamente Lorenzo, igual que Esteban, pasó “por la gran tribulación” y lavó sus vestidos volviéndolos blancos “en la sangre del Cordero” (cf. Ap 7,14). La historia nos confirma lo glorioso que es el nombre de Lorenzo, como es glorioso su sepulcro, junto al cual estamos reunidos ahora y sobre el cual se levanta el altar papal. Su solicitud por los pobres, su generoso servicio a la Iglesia de Roma en el importante sector de la asistencia y de la caridad, la fidelidad al Papa Sixto II, fidelidad que le impulsaba hasta quererlo seguir en la prueba suprema del martirio y el heroico testimonio de su sangre, entregada a Cristo unos días después, son cosas universalmente conocidas, muy por encima de los detalles de la más conocida tradición iconográfica. Realmente Lorenzo pasó por la “gran tribulación” y salió victorioso de ella, de manera que su memoria es bendita por los siglos… Y he aquí que, en este día solemne que hoy vive toda la Iglesia, Lorenzo, archidiácono y mártir, testigo heroico de Cristo crucificado y resucitado, parece hablarnos con las palabras de la primera lectura de San Juan: “¡Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues lo somos!” (1Jn 3,1). En el cumplimiento de la salvación eterna, en la gloria del reino celeste, se vuelve a confirmar y se realiza con definitiva plenitud lo que hemos aceptado mediante la fe: “ahora somos hijos de Dios” (1Jn 3,2). Somos ya hijos de Dios mediante la gracia santificante durante el tiempo de la vida terrena al amparo de la fe. Pero todavía no se ha manifestado en plenitud lo que un día seremos. Cuando le veamos como es El, nosotros seremos semejantes a El, lo mismo que el Hijo es semejante al Padre.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el Evangelio que he leído?
2.- ¿Cómo ilumina mi vida?
3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?
4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Buen Jesús por todo lo que me enseñas. Gracias por mostrarme tu lógica que es tan diferente de la que presenta el mundo. Ayúdame a seguir tus pasos aprendiendo a dar testimonio de Ti y reconociendo tu justicia que se funda en la caridad. Amén.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Madre del Amor Misericordioso, bien sabes que tu Hijo, desde lo alto de la Cruz, señaló el camino de la piadosa filiación como aquel que deberíamos recorrer. Te imploro me obtengas la gracia de acercarme a tu Inmaculado Corazón, desde mi propio corazón, para aprender a amarte y a honrarte con el amor que el Señor Jesús te tiene. Cuida que este hijo tuyo ingrese así en el proceso de amorización y vea algún día cumplida la gran esperanza de verse conformado con el Salvador. Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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