Mi vida en Xto

Oración del miércoles: “Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”

14 de septiembre
Exaltación de la Santa Cruz

cruz

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, reconozco tu presencia en mi vida y te pido me acompañes particularmente en este momento de oración. Ilumíname para aprender a discernir tu plan de amor; fortaléceme para seguir tus caminos con docilidad y generosidad.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Tú, Señor, lo sabes todo. Sabes que muchas veces me he alejado de Ti, que he caminado por tierras lejanas a tu amor. Sin embargo, aquí estoy, Buen Señor, dispuesto una vez más a recibir tu perdón y a poner más de mi parte para vivir la verdadera vida, según tus enseñanzas.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (San Juan 3,13-17.).

Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Lectura espiritual breve

Meditemos con estas palabras del Padre Juan José Paniagua:

Otras religiones pintan sus dioses poderosos, fuertes, solemnes. En cambio nosotros, muerto y crucificado. Y no solo eso, sino que este signo de la maldad y crueldad del hombre, la cruz, lo llevamos por todos lados y exhibimos en todos sitios. Tan presente está la cruz, que incluso cuando vamos a iniciar una oración invocamos a Dios haciendo sobre nuestro cuerpo la señal de la cruz. Parece que forma parte muy importante de nuestras vidas.

Hoy celebramos en la Iglesia la Exaltación de la Santa Cruz, es decir, la fiesta de la Cruz. ¡La Cruz de Cristo no la lamentamos, sino que la celebramos! ¿Por qué celebrarla? La recordamos con alegría porque nos recuerda el amor de Dios. “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su único Hijo para salvar a los hombres”. Porque es fuente de vida. Porque nos recuerda que no es un Dios lejano. No nos habla desde las nubes. Sino que se quiso hacer hombre. Y no sólo eso, sino que quiso vivir lo mismo que nosotros, incluso lo que más tememos y rechazamos los seres humanos, que es el sufrimiento. Y Dios también quiso asumirlo sobre sí, hasta el extremo. Porque no hay amor sin compromiso. No hay amor a la distancia o por control remoto. Dios se comprometió hasta el fondo con nosotros. Hoy el mundo nos propone: confort, comodidad, placer. “Búscate a ti mismo”, nos dice. Por lo tanto hablar de cruz ¡es una locura! Cuánto quisiéramos un Cristo, pero sin cruz, sería más conveniente, más confortable. Pero la comodidad nos adormece, nos vuelve egoístas. Hoy celebramos la cruz porque ya no es un signo de miedo, ni de horror, sino del amor inmenso de Dios que no conoce límites y que nos invita también a nosotros a cargar nuestras cruces diarias con alegría y con esperanza. 

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Percibes que a veces eres egoísta, buscando más tu propia comodidad que otra cosa?

2. -¿Qué puedes hacer para llevar tu cruz con más alegría?

Acción de gracias y peticiones personales

Te doy gracias Señor por todos tus dones, y especialmente por este momento de encuentro contigo. Tú te entregaste en lo alto de la Cruz para darme la reconciliación. ¡Qué gran amor nos tienes Buen Señor! ¿Cómo responder ante una entrega tan inmensa? Yo sé que soy una vasija de barro, pero aún así, tú me has querido salvar y me llamas a participar de tu amor. Que mi pequeñez, Señor, no sea nunca impedimento para que crea en tu poder infinito y en las maravillas que puedes obrar en mí. ¡Gracias por tu Cruz bendita!.  Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidamos la intercesión de nuestra Madre rezando:

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las oraciones
que te dirigimos
en nuestras necesidades,
antes bien
líbranos de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita!
Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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